16/2/18

Palabra de Lorca



Palabra de Lorca. 
Declaraciones y entrevistas completas.
Edición de Rafael Inglada 
con la colaboración de Víctor Fernández. 
Prólogo de Christopher Maurer.
Malpaso. Barcelona, 2017.

‘Lorca de viva voz’ titula Christopher Maurer el prólogo que ha escrito para presentar el espléndido volumen Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas, que publica Malpaso con edición de Rafael Inglada, que ha contado con la colaboración de Víctor Fernández.

Entre la cuartilla que recoge su intervención en el homenaje colectivo a Granada en 1922 y el prólogo a la edición de El público en el que Rafael Martínez Nadal evocaba en 1978 el último día de García Lorca en Madrid, ciento treinta y tres textos organizados en cuatro secciones cronólogicas que incluyen también las entrevistas y declaraciones publicadas póstumamente, entre 1937 y 1978.

Una colección que, como señalan Rafael Inglada y Víctor Fernández en ‘El poeta al que no le gustaban las entrevistas’, el texto preliminar en el que explican el contenido del libro y el sentido de esta edición, contiene “salvo sorpresas de última hora, la totalidad de las entrevistas concedidas por Federico García Lorca a la prensa de la época, desde 1922 (...) hasta la que concedió a Otero Seco pocas semanas antes de ser asesinado en agosto de 1936.”

O como la que le hizo Luis Bagaría para El Sol del 10 de junio de 1936, en donde decía:
- Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.

Traducidas algunas del catalán, inglés, italiano y francés, “las abundantes entrevistas, declaraciones y documentos inéditos que recogen ahora Rafael Inglada y Víctor Fernández incitan a nuevas lecturas y abren nuevos caminos en la investigación. Las espléndidas fotos, muchas de ellas desconocidas hasta ahora, ofrecidas en su momento como garantía de autenticidad de la entrevista, nos deslumbran como en aquel entonces: con el “estallido súbito del magnesio”. Junto con el epistolario y con las ya mencionadas declaraciones políticas ofrecen una valiosísima serie de retratos, autorretratos y caricaturas verbales.”

Hay una serie de líneas temáticas que recorren estas declaraciones recogidas durante los quince años de mayor creatividad de Lorca: las noticias y reflexiones sobre sus libros de poesía y sus estrenos teatrales, la dirección de La Barraca, sus viajes a América del Norte y Cuba, su gira por Argentina y Uruguay como dramaturgo y conferenciante, sus opiniones sobre la poesía de su tiempo, sus dudas y sus exageraciones, su evolución como persona y como escritor, la configuración progresiva de su mundo literario y sus proyectos, su compromiso social y cultural, su fama creciente, favorecida por el desarrollo del formato periodístico de la entrevista literaria que le sirvió de escaparate, como recuerda Christopher Maurer en su prólogo.

Y en todas estas entrevistas y declaraciones, una expresividad torrencial que suele reflejar una mezcla de simpleza inocente y de intuiciones profundas, como en la entrevista que apareció en Buenos Aires el 15 de octubre de 1933, en la que declaraba:

-En arte no hay que quedarse nunca quieto ni satisfecho... Hay que tener el coraje de romperse la cabeza contra las cosas y contra la vida... El cabezazo... Después veremos qué pasa... Ya veremos dónde está el camino... Algo que también es primordial es respetar los propios instintos... El día en que deja uno de luchar contra sus instintos, ese día se ha aprendido a vivir...

Además de las abundantes ilustraciones que reproducen imágenes del poeta y páginas de las publicaciones donde aparecieron las entrevistas, un útil índice onomástico permite la consulta rápida de personas, personajes y lugares aludidos en ellas.

Santos Domínguez

14/2/18

J. G. Hamann. Recuerdos socráticos. Aesthetica in nuce


J. G. Hamann.
Recuerdos socráticos.
Aesthetica in nuce.
Traducción, introducción y notas 
de J. Rafael Hernández Arias.
Hermida Editores. Madrid, 2018.

Hermida Editores publica por primera vez en español dos obras de J. G. Hamann (Könisberg, 1730- Münster, 1788), un heterodoxo de la Ilustración, un raro que matiza con su sombra el espíritu del Siglo de las Luces, como señala en su Introducción el responsable de esta edición, J. Rafael Hernández Arias, que destaca “su peculiar sabiduría, su peregrino estilo y su ‘carácter’ filosófico.” 

Opositor a las teorías de la Ilustración, reaccionario y crítico con el dominio absoluto de la razón ilustrada, su irracionalismo lo valoraron especialmente románticos como Jean Paul, que escribió: “El gran Hamann es un cielo profundo lleno de estrellas telescópicas y muchas brumas que no hay ojo humano que pueda penetrar.”

Nació y estudió en Könisberg, la ciudad donde vivió Kant, con quien mantuvo una relación de amistad y discrepancia. Para Goethe, fue “la cabeza más brillante de su tiempo.” Lo elogiaron Hegel y Kierkegaard, Nietzsche y Jünger, pese a su estilo difícil y a veces críptico, alejado voluntariamente de la claridad racionalista. Isaiah Berlin le dedicó un ensayo en el que lo situaba en los orígenes del irracionalismo moderno. Sin fe en el hombre, ni en la razón ni en el progreso, Hamann defendió la revelación frente a la razón, la intuición frente al análisis. Quizá por eso fue conocido como El Mago del Norte.

Este volumen breve recoge, en edición anotada, dos de sus obras más significativas: Recuerdos socráticos (“He escrito sobre Sócrates de una manera socrática”), que propone una interpretación cristiana de Sócrates frente a la reivindicación ilustrada de su figura, y Aesthetica in nuce, un escrito polémico (“¡En esta nuez estética todo sabe a vanidad!”) en el que Hamann defiende la intuición, el sentimiento y la emoción como instrumentos de conocimiento del mundo frente a las limitaciones de la razón. 

Escritos con un tono profético y sapiencial, con un estilo difícil, cabalístico y a veces críptico, bastan estos dos opúsculos para acercarse a su actitud disidente y para tener una visión más matizada de lo que fue el panorama de la Ilustración, menos plano y homogéneo de lo que se cree.

Santos Domínguez

12/2/18

Breve antología de la Enciclopedia





Breve antología de la Enciclopedia.
Selección y traducción de Gonzalo Torné.
Prólogo de Fernando Savater.
Debate. Barcelona, 2017.

“Un autor que resulta frío porque se expresa con un exceso de viveza puede llegar a corregirse atemperando la imaginación. En cambio, un autor que es frío porque no tiene alma no puede corregirse a sí mismo. Podemos moderar el uso del fuego, pero quien no sabe cómo encenderlo nunca podrá usarlo”, escribía Voltaire al final del artículo Frío, una de sus contribuciones a la Enciclopedia que dirigieron en circunstancias muy adversas Diderot y D'Alembert, que abandonó el proyecto a la mitad, asustado por la reacción del poder

Es uno de los artículos de la Breve antología de las entradas más significativas de la Enciclopedia que ha seleccionado y traducido Gonzalo Torné para un espléndido volumen que publica Debate con prólogo de Fernando Savater, que destaca que “la Enciclopedia fue un símbolo, el estandarte de una forma de pensar distinta a la tradicional, la leva de la veda para desacreditar los dogmas más acrisolados, el final del respeto. Su simple presencia transmitía un mensaje intelectual y también político.”

Al cabo de veinte años de trabajo, fueron 72000 los artículos que tuvo laEnciclopedia. De ahí la necesidad de una antología como esta, que reúne en trescientas páginas una selección de los artículos más representativos y como señala Gonzalo Torné responde al criterio de “seleccionar las mejores entradas escritas por los nombres más relevantes que aparecen de las cuatro decenas de autores acreditados.”

Voltaire (Elegancia, Fantasía, Felicidad o Historia), Diderot (Adulterio, Cerveza, Chocolate, Melancolía) D'Alembert (Astrología, Corrupción, Optimismo) o Rousseau (Economía política, Música o Temperamento) son algunos de los nombres y los variados temas que recoge esta antología que se abre con el amplio Discurso preliminar de D'Alembert sobre la doble condición de la obra: como Enciclopedia debe hacer una exposición de los diversos conocimientos humanos y como Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios,debe establecer los principios en los que se basan esas actividades.

Desde esa doble perspectiva de la mirada ilustrada se desarrolló la Enciclopedia, de cuyos autores dice Fernando Savater en el prólogo: “los enciclopedistas no se proponen derrocar el orden vigente ni deponer la monarquía, sino refundarlo todo basándose en principios racionales, no de linaje o de fortuna familiar. La tradición, él ‘siempre se ha hecho así’ y las leyendas fundacionales deben dejar paso al ‘espíritu geométrico’, a los méritos del estudio y a la competencia profesional.” 

Cierra el volumen el prefacio de Diderot al último tomo de la Enciclopedia. “El mundo madura pero no cambia, escribe cuando ve culminada ya la realización del proyecto, “quizá -añade- el más ambicioso que nunca se ha emprendido en el marco de la literatura.”

Santos Domínguez

9/2/18

Goethe. Elegía de Marienbad


J. W. von Goethe.
Elegía de Marienbad.
Traducción e introducción 
de Helena Cortés.
Linteo Poesía. Orense, 2017.

Y ahora, ya lejos, ¿qué hacer con el minuto?

Ese espléndido verso forma parte de la Elegía de Marienbad en la edición bilingüe que publica Linteo Poesía con traducción e introducción de Helena Cortés.

Termina con esta estrofa:

Que yo a mí me perdí, y al universo,
yo que antes era el amado de los dioses:
me han puesto a prueba y a Pandora me dieron, 
más rica en peligros de lo que es en dones. 
Junto a sus pródigos labios me empujaron: 
pues me apartaron, al abismo me arrojaron.

Goethe, que tenía ya 74 años, se había enamorado de Ulrike von Levetzow, una adolescente de 19 años que como es natural rechazó su petición de matrimonio. Habían compartido veraneos en la ciudad balneario de Marienbad desde 1821, porque el poeta conocía a su madre y frecuentaba a la familia, pero fue en 1823 cuando, recuperado ya del infarto que había sufrido en febrero, aumenta la atracción que ejerce sobre él aquella joven que lo veía más como un padre o como un abuelo que como un posible amante. 

En julio y agosto de 1823 compartieron paseos para coleccionar piedras y nubes. Y al final del verano, tras la mediación fallida de su amigo, el duque de Weimar, llega la decepción y el viejo Goethe se refugia en el poder consolador de la escritura y escribe la Elegía en el viaje de vuelta a Weimar: 

“Escribí el poema inmediatamente después de partir de Marienbad –le comentaba a su secretario Eckermann-, cuando aún estaba sumido en la plenitud y frescura del sentimiento de lo que había vivido. A las ocho de la mañana, en la primera parada, escribí la estrofa inicial, y así seguí componiendo el poema en el coche, escribiendo a cada parada lo que había retenido en la memoria durante el trayecto, de manera que por la noche ya lo tenía listo sobre el papel. Por eso tiene cierto carácter de inmediatez y está hecho de una sola pieza, lo que probablemente favorezca al conjunto.”

Lo mantuvo secreto y aunque lo tenía por su poema más querido sólo se lo mostró a su círculo más cercano. Lo consideraba “producto de un estado de pasión extrema”, según le confesaba a su confidente Eckermann, que en sus Conversaciones con Goethe escribía: “los sentimientos expresados en él eran más intensos de lo que estamos acostumbrados a encontrar en otros poemas de Goethe.” 

La escritura del poema, en cuyas estancias de seis versos se conjugan la intensidad sentimental y la perfección formal, tuvo una función sanadora, le sirvió para aliviar el dolor, para sublimar en su tono elegíaco la pérdida del amor, la decepción por el rechazo:

“Goethe se salva -explicaba Zweig en Momentos estelares de la humanidad- por medio de ese poema”, que suponía “la despedida del amor, transformada en eternidad a través del conmovedor lamento. (...) La poesía alemana no ha conocido un momento más grandioso que aquel en el que el más primigenio sentimiento se vertió en este imponente poema.”

Un poema en el que el amor y la vejez se dan cita bajo la mirada elegiaca del poeta, como explica Helena Cortés en su introducción –Marienbad o la caducidad de la vida: 

“Para Goethe, la caducidad del amor y la caducidad de la vida son heridas existencialmente indistinguibles que causan la misma nostalgia y amargura, aunque también obligación de renuncia y de sabia, aunque no por eso menos dolorosa, aceptación de que, llegado a un punto, el hombre ya sólo puede aspirar a fundirse, calladamente en esa calma que recubre las cumbres más altas, en la quietud eterna de la naturaleza.”

Santos Domínguez

7/2/18

Cheever. Cuentos


John Cheever. 
Cuentos.
Traducción de  José Luis López Muñoz 
y Jaime Zulaika 
Epílogo de Rodrigo Fresán. 
Literatura Random House. Barcelona, 2018.

“Publicar una edición definitiva de cuentos cuando uno está al final de los sesenta años me parece, como escritor norteamericano, una ocasión tradicional y digna, de ninguna manera eclipsada por el hecho de que la mayoría de los cuentos de esta colección fueron escritos en ropa interior”, afirmaba John Cheever en un breve ensayo escrito poco después de preparar la selección de sus cuentos que publicó en octubre de 1978 con el título The Stories of John Cheever.

Cerraba esa amplia selección de sus cuentos, con la que al año siguiente obtendría el Pulitzer, Las joyas de los Cabot, que Cheever consideraba su relato más ambicioso. Comenzaba con estas líneas:

Los funerales por el hombre asesinado se celebraron en la Iglesia Unitaria del pueblecito de St. Botolphs. La arquitectura de la iglesia era de estilo Bullfinch, con columnas y una de aquellas agujas etéreas que seguramente predominaban en los paisajes de hace un siglo. La ceremonia constituyó una selección fortuita de citas bíblicas terminadas en verso. «Descansa en paz, Amos Cabot, han cesado tus sufrimientos mortales…». La iglesia estaba llena. Cabot había sido un destacado miembro de la comunidad. En una ocasión había sido candidato a gobernador del estado. En el curso de su campaña, que duró alrededor de un mes, su foto apareció en cobertizos, paredes, edificios y postes telefónicos. No creo que la sensación de pasar por delante de un espejo móvil —veía su imagen en cada esquina— le incomodara tanto como a mí. (Una vez, por ejemplo, yo me hallaba a bordo de un ascensor en París y reparé en una mujer que llevaba un libro mío. Había una foto en la sobrecubierta y un retrato mío sobresalía por encima de su brazo. Yo quería la fotografía, supongo que para destruirla. Me parecía que el hecho de alejarse de mi lado con mi rostro debajo del brazo suponía una amenaza para mi dignidad. La mujer salió del ascensor en el cuarto piso y la separación de aquellas dos imágenes me desconcertó. Quise seguirla, pero me pregunté cómo podría explicar mis sentimientos en francés o en cualquier otro idioma). Amos Cabot no era así ni mucho menos. Contemplarse le resultaba divertido, y al perder las elecciones y desvanecerse su retrato (excepto en unos cuantos cobertizos en medio del campo, donde tardaron alrededor de un mes en despegarse), no pareció inmutarse.

Junto con ese título, Literatura Random House edita los otros sesenta cuentos seleccionados por el autor con traducciones de José Luis López Muñoz y Jaime Zulaika y con un epílogo en el que Rodrigo Fresán hace un intenso recorrido por la narrativa breve de un autor imprescindible y define estos textos como "cuentos escritos por un dios. Un dios en calzoncillos, sí; pero convencido de que 'la literatura puede salvar al planeta.' Un dios que gozaba expulsando a sus criaturas del Edén."

Además de ese relato, otros como El marido rural, La geometría del amor, La muerte de Justina, Una visión del mundo, Reunión o El nadador forman parte ineludible del canon del cuento contemporáneo.

“Soberbio artista” llamó Harold Bloom a este creador meticuloso en cuyos relatos cada palabra está medida y puesta al servicio de una mirada ácida sobre las zonas de sombra del sueño americano de la clase media. 

“Estos relatos – escribía Cheever en el Prefacio con que presentaba su amplia antología- se remontan a mi honorable licenciamiento del ejército, al final de la segunda guerra mundial. Están en orden cronológico, si no me falla la memoria, y los textos más embarazosamente inmaduros han sido eliminados. A veces parecen historias de un mundo hace tiempo perdido, cuando la ciudad de Nueva York aún estaba impregnada de una luz ribereña, cuando se oían los cuartetos de Benny Goodman en la radio de la papelería de la esquina y cuando casi todos llevaban sombrero. Aquí está el último de aquella generación de fumadores empedernidos que por la mañana despertaban al mundo con sus accesos de tos, que se ponían ciegos en las fiestas e interpretaban obsoletos pasos de baile, como el Cleveland chicken, que viajaban a Europa en barco, que sentían auténtica nostalgia del amor y la felicidad, y cuyos dioses eran tan antiguos como los míos o los suyos, quienquiera que sea usted. Las constantes que busco en esta parafernalia a ratos anticuada son cierto amor a la luz y cierta determinación de trazar alguna cadena moral del ser. Calvino no desempeñó ningún papel en mi educación religiosa, pero su presencia parecía habitar en los graneros de mi juventud, y quizá me dejó cierta indebida amargura.” 

A medio camino entre la tragedia y la comedia, los relatos de Cheever son la expresión narrativa de una mirada crítica hacia el sueño americano y sus vacíos éticos, hacia la agridulce vida cotidiana de personajes que viven en urbanizaciones en las afueras de Nueva York. 

Bajo la apariencia engañosamente feliz de los barrios residenciales o los lugares de veraneo en los que viven, esos seres tienen la condición de expulsados del paraíso y arrastran existencias sórdidas que se mueven entre la hipocresía y la rutina, el alcohol y el secreto, el fracaso y la soledad.

Además de la innegable calidad de su prosa, los relatos de Cheever son técnicamente irreprochables. Tienen como columna vertebral al personaje más que el argumento o la trama y en ellos brilla la capacidad del autor para la creación de atmósferas, para la percepción del detalle significativo o su dominio de la elipsis narrativa. 

Son -escribe Rodrigo Fresán en el epílogo- “ficciones que podían parecer caricias pero que, en realidad, mordían la mano que le daba de comer. Y, es pertinente aclararlo, mordían y sigue mordiendo más con amor que con odio. Y la marca de sus dientes no busca la amarga condena sino, por lo contrario, contagiar la amable rabia de una agridulce redención.”

Cheever distinguía en sus cuentos entre los que estaban escritos desde dentro o desde fuera, una cuestión que afecta al punto de vista, pero que más allá de la técnica tiene consecuencias directas en la implicación del narrador en el relato, en su paso de la ironía distante a la comprensión piadosa, de la literatura como penitencia a la literatura como salvación, como esa “agridulce redención” de la que habla Rodrigo Fresán. 

La intensidad y la precisión son las señas de identidad de los relatos de este autor imprescindible que reunió casi treinta años de narrativa breve en esta selección. Una selección que resume el mundo narrativo de uno de los maestros estadounidenses del género, que fijaba su concepción de la escritura en estas líneas de sus Diarios:

Escribir bien, con pasión, con menos inhibiciones, ser más cálido, más autocrítico, reconocer el poder de la lujuria tanto como su fuerza, escribir, amar. (…) No disimular nada ni ocultar nada, escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad, escribir sobre mi torpeza sexual, el sufrimiento de Tántalo, la magnitud de mi desaliento –creo entreverlo en sueños–, mi desesperación. Escribir sobre los necios sufrimientos de la angustia, la renovación de nuestras fuerzas cuando aquéllos pasan; escribir sobre la penosa búsqueda del yo, amenazado por un extraño en la oficina de correo, un rostro apenas entrevisto en la ventanilla de un tren; escribir sobre los continentes y las poblaciones de nuestros sueños, sobre el amor y la muerte, el bien y el mal, el fin del mundo.

Santos Domínguez



5/2/18

Henry James. Cuentos completos



Henry James.
Cuentos completos.
Volumen I
[1864-1878].
Edición de Eduardo Berti.
Editorial Páginas de Espuma. Madrid, 2017.

Terminada la edición de los Cuentos completos de Chéjov, Balzac o Marcel Schwob, Páginas de Espuma comienza otro ambicioso proyecto con la publicación de los Cuentos completos de Henry James, uno de los padres de la literatura contemporánea, un escritor que cumple el papel de bisagra entre la narrativa del siglo XIX y la del XX.

Se ha encargado de la edición Eduardo Berti, que señala en el prólogo que “era hora de ofrecer en castellano una versión cronológica y global de los numerosos relatos de James, que muchos consideran una de las cumbres de su producción personal e incluso una de las cumbres de la ficción escrita en Estados Unidos."

Acaba de aparecer el primero de los tres volúmenes que se ajustan a las tres etapas que se suelen distinguir en el desarrollo de su obra. Tres volúmenes que a lo largo de tres años reunirán en ediciones anotadas la totalidad de los relatos de James, casi cien cuentos -algunos inéditos en español- ordenados cronológicamente, lo que permite seguir la evolución de una narrativa en la que superficialmente no pasa nada, aunque bajo su superficie corre una caudalosa corriente subterránea.
En este primer tomo se reúnen los relatos de sus años de iniciación y formación, escritos entre 1864 y 1878 y publicados en revistas. Veintisiete cuentos que, entre “Una tragedia del error” y “El casamiento de Longstaff”, de alguna manera son una obertura en la que empiezan a perfilarse sus temas y la intensidad de su talento, que brilló especialmente en la distancia corta.

Está aquí en ciernes el mejor James, el escritor magistral que superó el realismo y se adentró en los abismos psicológicos de lo subjetivo con su capacidad analítica, proyectada en la asombrosa variedad de enfoques y matices que recorre su obra.

La relación entre vida y arte, entre ficción y realidad, la profundidad psicológica y la complejidad de los comportamientos humanos, la importancia del punto de vista frente a la ficción de la objetividad realista, la lentitud sin sorpresas ni efectismos, la incertidumbre, la importancia del matiz, la sutileza del análisis psicológico del personaje, la importancia del detalle, temas como el arte y el secreto, el fracaso o la pérdida de la inocencia, la ambigüedad, la frase larga, la hondura y el misterio, el flujo de conciencia y esa expresión ambigua a la que alude Eduardo Berti en un prólogo que contiene espléndidas introducciones a cada uno de los relatos, son algunas de las claves de estos cuentos que James escribió entre los 21 y los 35 años.

Aparecen en ellos comportamientos ilógicos y narradores engañosos o equivocados, diálogos intensos como los de 'Un día perfecto', pintores como el de 'La historia de una obra maestra' y espectros como los de 'La leyenda de ciertas ropas antiguas', su primer cuento de fantasmas, o 'El alquiler fantasmal', la inocencia perdida en 'Un hombre ligero', el conflicto entre lo europeo y lo americano en 'Benvolio', el uso magistral de la elipsis en 'Cuatro encuentros'.
Son los relatos de un Henry James cada vez más sutil y ambiguo, camino de convertirse en el autor refinado y magistral que controla todos los mecanismos del relato, juega con los narradores indirectos y bucea en lo más profundo de los personajes y en sus contradicciones, en la patología de la vida cotidiana; el escritor que ahonda en la soledad y en la tristeza, en las ilusiones y en la fatalidad, en la soledad de los vivos y los muertos, en la melancolía y en el espejismo imaginativo; el Henry James experto en elipsis y dueño de una calculada técnica narrativa. Un libro imprescindible.

Santos Domínguez

2/2/18

Carmina Burana

Carmina Burana.
Cantos de goliardo y poemas de amor.
Edición al cuidado de Francisco Rico.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2018.

Bibit hera, bibit herus,
bibit miles, bibit clerus, 
bibit ille, bibit illa, 
bibit servus cum ancilla,
bibit velox, bibit piger, 
bibit albus, bibit niger, 
bibit constans, bibit vagus, 
bibit rudis, bibit magus. 

Bibit pauper et egrotus,
bibit exul et ignotus, 
bibit puer, bibit canus,
bibit presul et decanus,
bibit soror, bibit frater, 
bibit anus, bibit mater,
bibit ista, bibit ille,
bibunt centum, bibunt mille.

Con estrofas latinas como estas, de versos pareados y ritmo cantable, se construye uno de los poemas más conocidos de los Carmina Burana, copiadas en el Codex Buranus de la primera mitad del siglo XIII que estaba en el monasterio bávaro de Benedictkbeuern.

Una selección de cuarenta de esos cantos de goliardo y poemas de amor la edita Galaxia Gutenberg en un volumen al cuidado de Francisco Rico, que la había publicado en 1978 bajo un doble seudónimo, “Carlos Yarza” para el prólogo y “Lluís Moles” para la traducción, de la que explica que “se da por supuesto que el lector interesado en este volumen no tendrá demasiada dificultad en seguir el texto latino. Y, por lo mismo, la traducción es ajena al menor valor artístico y únicamente busca, extremando a veces la literalidad hasta las mismas fronteras de la corrección, ayudar a la comprensión directa del original.”

Así en la traducción de esas dos estrofas:

Bebe el ama, bebe el amo,
bebe el caballero, bebe el clérigo,
bebe éste, bebe aquél,
bebe el siervo con la criada,
bebe el activo, bebe el perezoso,
bebe el blanco, bebe el negro,
bebe el constante, bebe el versátil,
bebe el rudo, bebe el mago.

Bebe el pobre y el enfermo,
bebe el desterrado y el desconocido,
bebe el chico, bebe el viejo,
bebe el prelado y el decano,
bebe la hermana, bebe el hermano,
bebe la vieja, bebe la madre.
Bebe ésta, bebe aquél,
beben cien, beben mil.

Ahora reaparecen esas versiones del profesor Rico en una cuidada edición bilingüe y anotada que reúne un amplia muestra de la poesía de los goliardos, aquellos clerici vagantes, marginales, disipados y creativos, trangresores clérigos ajuglarados que iban de ciudad en ciudad, de taberna en taberna cantando estos textos satíricos y vitalistas, disolutos y gamberros que Carl Orff adaptó como cantata escénica y sinfonía coral entre 1935 y 1937 con los textos que se reproducen en el Apéndice –"Los textos de Orff"- que ha elaborado Miguel Requena.

Esas canciones de los siglos XII y XIII, muchas de las cuales se han perdido, se han conservado en colecciones como los Carmina Burana o los Carmina Cantabrigensia y forman una parte muy valiosa de la literatura latina de la Baja Edad Media, las componían clérigos vagabundos que habían tomado órdenes menores sin integrarse en estructuras religiosas y escolares pobres que se desplazaban de unas universidades a otras. 

Están compuestas en el latín medieval que era la lengua universitaria en la época y se instalan en un territorio intermedio entre la tradición culta bajomedieval y la poesía popular, entre la actitud del clérigo y la actitud del juglar, entre la influencia bíblica y la de la literatura clásica, entre la burla y la seriedad, lo religioso y lo profano, el vitalismo y la intelectualidad.

Estrofas como estas, de la composición Estuans interius (Ardiendo por dentro), trazan el autorretrato del goliardo: 

Michi cordis gravitas 
res videtur gravis, 
iocus est amabilis 
dulciorque favis.
Quicquid Venus imperat, 
labor est suavis, 
que nunquam in cordibus 
habitat ignavis. 

(La gravedad de espíritu 
se me antoja demasiado rigurosa, 
la chacota me es grata 
y más dulce que la miel. 
Cuanto Venus manda 
es tarea suave, 
jamás asentada 
en los ánimos indolentes.)

Via lata gradior 
more iuventutis,
implico me vitiis 
immemor virtutis, 
voluptatis avidus 
magis quam salutis, 
mortuus in anima 
curam gero cutis.

(Ando por el camino ancho, 
como joven, 
me meto en los vicios 
sin atender a la virtud, 
ávido de placeres 
más que de mi salvación; 
muerto de alma 
me desvelo por el cuerpo.)

Los goliardos habitaron el mismo territorio marginal que luego ocuparían los pícaros, los bohemios o los hippies, como explica Francisco Rico en su prólogo, “Invitación a la lectura de los Carmina Burana”, en el que analiza los rasgos temáticos y formales de estos poemas y señala que el recopilador “fue sin duda hombre de gusto amplio. Los temas y las formas de las composiciones son variados en extremo. Los poemas rítmicos alternan (...) con los cuantitativos; los satíricos, amorosos y tabernarios no impiden la presencia de un puñado de canciones y dramas religiosos. (...) Pero, como insinuaba, es la lírica de tipo goliardesco la que da el tono del conjunto.”

El vino, las relaciones sexuales, el placer de la comida, el desprecio de la autoridad, la parodia de la liturgia y de las oraciones, el humor satírico, la crítica de la corrupción eclesiástica y del poder del dinero son algunos de los temas que se repiten en estos poemas satíricos y críticos o amatorios, en estas canciones de taberna compuestas con una retórica bien aprendida en la que se conjuntan la poesía y la música para construir unos textos de innegable calidad estilística y perfección formal. 

Cierra la selección una paródica proclamación de la orden de los clérigos errantes a la que pertenecen estos versos:

De vagorum ordine 
dico vobis iura, 
quorum vita nobilis,
dulcis est natura,
quos delectat amplius 
pinguis assatura, 
re vera, quam faciat
hordei mensura.

(De la orden de los vagantes 
os digo las leyes:
su vida es noble,
dulce su natural;
más los deleita 
un buen asado,
en verdad, que
una medida de cebada.)

Ordo noster prohibet 
matutinas plane;
sunt quedam phantasmata,
que vagantur mane,
per que nobis veniunt
visiones vane.
Si quis tunc surrexerit,
non est mentis sane.

(Nuestra orden prohíbe  
los maitines totalmente:
hay ciertos fantasmas
que vagan de mañana
y que nos provocan 
vanas visiones.
Quien a esa hora se levante
es que no tiene la cabeza sana.)



31/1/18

Juan Benet. El caballero de Sajonia


Juan Benet.
El caballero de Sajonia.
Edición y epílogo de Ignacio Echevarría.
Debolsillo. Barcelona, 2018. 

La tarde había declinado y las nubes en pocos instantes mudaron de color para mantener la amenaza que había sostenido todo el día. Tan solo en el horizonte, tras una cerrada formación de abetos, una franja de oxidado metal predicaba una hora prematura, muy anterior al crepúsculo, con la desgana de un anuncio anticuado, semiborrado y de sobra conocido, al que nadie ya prestara atención. Se había terminado el día demasiado pronto y el jinete no pudo evitar una sensación de malestar al pensar en otra noche más de viaje, antes de alcanzar la siguiente etapa, camino de su destino.

Así comienza El caballero de Sajonia, la última novela de Juan Benet. La publicó en 1991 y la reedita Debolsillo, junto con el resto de su obra narrativa ensayística, en su imprescindible Biblioteca Juan Benet, con edición y epílogo de Javier Echevarría.

Ese jinete es Martín Lutero, que bajo la identidad falsa del caballero Jorge inicia un viaje de cuatro etapas sucesivas que corresponden a los cuatro capítulos del libro en un viaje imaginario que culmina con el encuentro y el diálogo con el Emperador Carlos. 

Esta novela histórica, centrada en la figura de Lutero, es la que ha recibido menos atención crítica, como señalan los editores en su Nota inicial. Aunque su peripecia, articulada en torno al camino y al viaje, es ficticia, El caballero de Sajonia tiene una importante base documental, porque a Benet se le había encargado una autobiografía ficticia de Lutero, que finalmente no llegó a escribir.

Esa documentación fue el impulso de la novela, su telón de fondo, porque Benet sabía que el objetivo del novelista no es el del historiador y por eso asumía en su escritura el reto de la invención y el estilo en tensión constante con el fondo histórico de la época, los ambientes o los personajes.

Además de destacar la “ejemplar sobriedad” del estilo de la novela, Ignacio Echevarría señala en su epílogo –El mundo, el demonio y la carne- que “a excepción de la peripecia misma del relato, todos los elementos de la novela responden a la realidad, denotan su hondo conocimiento del personaje y de la época, y son utilizados con habilidad psicológica.”

Una novela que va más allá de sus límites históricos para convertirse en una reflexión sobre el hombre de la mano de un Lutero que había roto sus vínculos con la autoridad papal después de la Dieta de Worms y que aún no se había convertido en el eje de referencia del reformismo religioso humanista del Renacimiento. 

Protegido por el Elector de Sajonia, Lutero emprende el viaje con la identidad falsa del caballero Jorge. Un viaje más interior que exterior a través de cuatro episodios imaginarios, de cuatro etapas, cuatro capítulos y cuatro lugares – una fonda, la celda de un monasterio, la celda de una prisión y la casa de un burgués- en los que se organiza “una novela bastante lineal y bastante ligera”, como señaló el propio Benet. 

En ese viaje de búsqueda, experiencia y conocimiento, los recuerdos que van surgiendo en el protagonista coexisten con sus reflexiones sobre política y religión, con el debate interior de su conciencia sobre lo espiritual y lo material,  con los diálogos con otros personajes -el diablo, el preso y el emperador- sobre lo social y lo moral.

Cuando Lutero levantó la cabeza, el emperador ya se había ido. Casi no le dio tiempo a tocar su mano. 
Tras cerrar la puerta, Lutero se arrimó a la ventana para observar la partida, el mismo ajetreo de la llegada, la misma inquietud de los caballos. Cuando el coche del emperador se perdió de vista, dijo Lutero, en la media voz de los eclesiásticos: 
-Que el Señor ayude al piadoso Carlos, una oveja entre los lobos. Amén.

Esos son los párrafos finales de El caballero de Sajonia, una extraordinaria novela que no merece ni la desatención ni la displicencia con que la despreció la mayor parte de la crítica española a principios de los noventa.

Santos Domínguez


29/1/18

Génova. Una historia de las maravillas



Paul Metcalf.
Génova. 
Una historia de las maravillas.
Traducción de José Luis Piquero.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

Algo más de medio siglo después de su primera edición en 1965, Hermida Editores publica Génova, que seguramente es la mejor novela del norteamericano Paul Metcalf (1917-1999).

Original y renovadora, Génova es una novela inclasificable y sorprendente, narrada por Michael Mills, un médico que no ejerce y trabaja en Indianápolis en la General Motors. La relación con su hermano Carl, ejecutado en una cámara de gas en Missouri por el asesinato de un niño, es uno de los motores de la novela, escrita para atender, afrontar, examinar, quizá, algunas de las otras obligaciones, como

Nota: Post mortem: comprender a mi hermano Carl
y
Nota: para los vivos, yo mismo y otros, descubrir lo que hay que curar, y por qué, como médico, no lo haré.

Con el relato se mezclan citas de obras y cartas de Herman Melville –bisabuelo de Metcalf-  y de los diarios de Colón, fragmentos que convierten la novela en un collage de citas y referencias, en un palimpsesto de la memoria y en una indagación sobre la monstruosidad el viaje y el sentido de la vida.

Viajes y viajeros reales y ficticios articulan en contrapunto la estructura de una novela deslumbrante en la que se funden la imaginación y la realidad, el espacio y el tiempo, la narración y el documento, el relato clásico y la ficción posmoderna para trazar una geografía del tiempo desde la metaficción de un narrador-protagonista en busca de explicaciones.

Santos Domínguez

26/1/18

Izet Sarajlić. Después de mil balas



Izet Sarajlić.
Después de mil balas
Prólogo de Erri de Luca.
Traducción de Fernando Valverde y Branislava Vinaver.
Seix Barral. Barcelona, 2017.

El poeta es aquel /que siempre empieza de nuevo, escribía el poeta bosnio Izet Sarajlić (1930-2002) en un poema que forma parte de la antología Después de mil balas, que publica Seix Barral con prólogo de Erri de Luca y traducción de Fernando Valverde y Branislava Vinaver.

Izet Sarajlić fue la voz del Sarajevo asediado durante más de cuatro años, el poeta que se quedó durante la guerra de Bosnia-Herzegovina en la ciudad sitiada. Quería cubrir “el turno de noche para impedir el secuestro del corazón del mundo”, como recuerda Erri de Luca en su prólogo, en el que se pregunta: "¿Cuál es el cometido de un intelectual, de alguien que tiene un pequeño derecho de audiencia pública? Quedarse, compartir la avería que le sobreviene a su pueblo. Su presencia en la ciudad era el mejor consuelo para sus conciudadanos."

En ese largo asedio escribió La suerte a la manera de Sarajevo:

En Sarajevo,
en esta primavera de 1992,
cualquier cosa es posible.
Estás en una cola para comprar el pan
y despiertas en un hospital
con una pierna amputada.
Después, 
incluso reconoces que has tenido mucha suerte.

Muchos años antes, en 1965, había escrito en un poema: Cada vez que mi ciudad necesite una palabra tierna, /allí estaré.

Después de mil balas es una amplia selección de su poesía que recoge textos escritos entre 1947 y 1998 organizados en dos partes: Poemas en el tiempo y Poemas errantes.

Está en estas páginas no solo el poeta resistente, también el irónico o el poeta amoroso o familiar. Pero está sobre todo el poeta que sufrió dos guerras, la Mundial y la de Bosnia. Eso explica que la guerra se convierta en una referencia central en su poesía, en un tema que atraviesa incluso su poesía amorosa y que, junto con el amor, la nostalgia y la muerte, constituye el eje fundamental de su escritura, cuyo carácter testimonial y resistente lo ha convertido en uno de los poetas eslavos más importantes del siglo XX.

Santos Domínguez