10/10/07

La estancia de la memoria


Lina Bolzoni.
La estancia de la memoria.
Traducción de
Giovanna Gabrielle y Mª de las Nieves Muñiz.
Cátedra. Madrid, 2007



Modelos literarios e iconográficos en la época de la imprenta es el sugestivo subtítulo de La estancia de la memoria, un libro que reconstruye los espacios que la memoria crea a lo largo del siglo XVI.

Cátedra publica en su colección de crítica y estudios literarios este libro sobre la memoria de las palabras y las imágenes, centrado en un momento histórico como el siglo XVI en el que el canon clasicista se atiene a unas normas y a unos modelos en cuya fijación la memoria tiene un papel esencial.

La clave del código clasicista es una creación que surge de la imitación de lo antiguo y se expresa asumiendo un discurso ajeno. En consecuencia, escribir es recordar y el objeto del recuerdo serán las metáforas, los artificios retóricos, pero también un repertorio iconográfico transmitido por la literatura y el arte antiguos para hacer visible el saber. Por ejemplo con esquemas lógicos, árboles del saber y máquinas retóricas que desmontan las figuras de los textos clásicos y las reutilizan con unas variaciones que aprovechan la lógica oculta de los textos literarios.

Por eso los maestros de retórica del Quinientos son maestros de la memoria, como aquel Giulio Camillo que proyectó un teatro de la memoria a través de un dispositivo que contenía todas las palabras e imágenes para formalizar el saber.

Arte de la memoria de las palabras y las cosas que se concreta en las distintas variedades del esquema visual: diagramas, árboles y tablas fueron las técnicas fundamentales en los tratados de poética y retórica del XVI, como instrumentos para hacer visible el saber y para fijar los modelos estilísticos canónicos del clasicismo renacentista.

En el siglo XVI, los esquemas visuales no sólo ponen ante los ojos de todos, de modo rápido y eficaz, el camino que ha de seguirse para escribir bien, sino que tienden a reducir los procedimientos de la escritura literaria a un mecanismo combinatorio; los diagramas someten las grandes obras a una especie de anatomía (como dice una imagen usual) y, según una opinión común, crean también las condiciones para recomponer sus partes a fin de dar vida a un cuerpo (a un texto) nuevo. Los esquemas visuales tienden, en suma, a convertirse en auténticas máquinas para producir textos: funcionan como «interfaz» entre la lectura de textos ajenos y la creación de textos propios, se sitúan a medio camino entre la biblioteca y la mesa escritorio. En efecto, las máquinas retóricas guían y estructuran la memoria, y por tanto suministran el material ya preparado para la «invención», proporcionan las palabras y las imágenes predispuestas para ser colocadas en los lugares del texto.

Imagen, retórica y memoria se conjugan de esta manera en un estudio como este que presenta el código cultural de la modernidad desde una perspectiva tan inusual como interesante.

Santos Domínguez