18/10/17

Poetas en la España leal


Poetas en la España leal.
Madrid-Valencia, 1937.
Editorial Renacimiento. Sevilla, 2017.

"No sabe qué es la vida  / Quien jamás alentó bajo la guerra", escribía Luis Cernuda en la Elegía española, que formaba parte de la antología Poetas en la España leal que publicó en 1937 Ediciones Españolas con motivo de la celebración en Valencia del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en solidaridad con la Segunda República Española.

Se cumplía entonces un año de la sublevación militar que originó la guerra civil y a los asistentes a aquel Congreso se les regalaron cuatro libros: el Homenaje al poeta García Lorca contra su muerte, el Romancero General de la Guerra de España, la Crónica General de la Guerra de España y la antología Poetas en la España leal, que publica en edición facsímil la Editorial Renacimiento acompañada por una separata -Poesía, guerra y revolución- en la que Manuel Aznar Soler analiza las circunstancias en las que se publicó esta selección y el contenido de la que es en sus palabras una antología histórica de la poesía republicana en tiempo de guerra.

Una antología impecablemente editada, cuidada en su limpia tipografía, plural en sus voces y registros, encabezada por Antonio Machado con la elegía a García Lorca -El crimen fue en Granada- y en la que se recogen textos de otros diez poetas -Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Gil-Albert, Miguel Hernández, León Felipe, Moreno Villa, Emilio Prados, Serrano Plaja y Lorenzo Varela- de los que escribió Cernuda: “Si por fatal destino no les salva su talento, a estos que hoy forman el volumen Poetas en la España leal tal vez le salve en la memoria futura el recuerdo de la tempestad a través de la cual se alzaron sus voces, asombradas unas y otras confundidas.”

Entre el dolor y la rabia, ese tono elegíaco del poema de Cernuda, que finalmente aparecería en Las nubes, atraviesa muchos de los textos de la antología. Está en la elegía de Antonio Machado a García Lorca, en A una casa de campo y en Despedida de un año de Gil-Albert o en la Elegía de Emilio Prados, en convivencia con la tonalidad épica, testimonial o combativa de estos textos o con sus llamadas a la solidaridad internacional.

Recopilados -se decía en el colofón de la edición de 1937- por la redacción de la revista Hora de España, se reunieron en esta espléndida selección un conjunto de poemas que, como se destacaba en el prólogo anónimo de aquella primera edición, habían sido “escritos en la atmósfera febril española, y más impresionante por tanto, dada la forma de dignidad humana con que se expresan unos sentimientos heridos, unos corazones agitados, unos ojos atónitos ante la inmensa calamidad caída bruscamente sobre el pueblo español. La confianza en el porvenir ilumina muchas de estas palabras de dolor y de ímpetu.”

Santos Domínguez



17/10/17

Nosotros y Voltaire


Ricardo Moreno Castillo.
Nosotros y Voltaire.
Reflexiones en torno a su pensamiento.
Pasos perdidos. Madrid, 2017.

“No habiendo tenido éxito en el mundo, se vengaba hablando mal de los demás”, escribía Voltaire en Zadig o El destino. 

Es uno de los textos volterianos que Ricardo Moreno Castillo comenta en Nosotros y Voltaire. Reflexiones en torno a su pensamiento, que publica Pasos perdidos

Una espléndida antología temática que sirve de base a un diálogo con los textos, a los que sigue un comentario como este:

“Triste consuelo el del envidioso. Pero quien se limita a murmurar de los demás, si bien puede hacer mucho daño, es porque no tiene posibilidad de hacer males mayores. Líbrenos Dios de los envidiosos con poder.”

De la amistad a los viajes, pasando por la envidia, la educación, la libertad o los libros, las palabras o la verdad, esta antología de citas y textos breves del ilustrado francés es una invitación a visitar el pensamiento de un clásico que por eso mismo sigue siendo nuestro contemporáneo.

Y un motivo para que también el lector reflexione sobre una serie de temas esenciales – la muerte, la religión, la tolerancia o la felicidad- desde el matiz, el acuerdo o la discrepancia ante textos y comentarios como estos sobre el fanatismo, del que decía Voltaire en su Diccionario filosófico:

Habitualmente son los bribones los que conducen a los fanáticos, y quienes ponen el puñal en sus manos.  

“Y también son bribones –reflexiona el comentarista- quienes pretenden comprender a los fanáticos al mismo tiempo que reprueban paternalmente sus métodos. Nunca se ha de olvidar el sabio consejo de Albert Camus: En política son los medios los que justifican los fines.”

Un diálogo cercano con un amigo, porque -escribe Ricardo Moreno en su introducción- "si los filósofos imprescindibles son maestros, Voltaire es un amigo /.../ que te hace caer en la cuenta de cosas que tienes delante y que de tanto verlas ni te fijas en ellas."

"Un hermoso libro declarada y combativamente volteriano", como señala Jon Juaristi en el prólogo que ha escrito para presentar esta recopilación.

Santos Domínguez

16/10/17

Breve manual del perfecto aventurero



Pierre Mac Orlan.
Breve manual del perfecto aventurero.
Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona.
Jus Ediciones. México, 2017.

El aventurero pasivo se agarra al brazo de su sillón como un capitán de crucero a la baranda de su puente de mando. Por él y solo por él hemos escrito este libro. Nos agrada su conducta apacible: nos permite explicar su forma de vida incluso a los más timoratos. 

El aventurero pasivo es sedentario. Detesta el movimiento en todas sus formas, la violencia vulgar, las matanzas, las armas de fuego y cualquier clase de muerte violenta.

Detesta estas cosas si le atañen, pero su imaginación las evoca amorosa e ilusionadamente cuando quien las protagoniza es el aventurero activo.

El aventurero pasivo sólo existe porque parasita las proezas del aventurero activo, escribe Pierre Mac Orlan, seudónimo de Pierre Dumarchey (1880 – 1970), en el Breve manual del perfecto aventurero, un curioso y divertido libro de 1920 escrito para aventureros pasivos, para lectores sedentarios que disfrutarán de las páginas inteligentes e irónicas de esta obra inolvidable, espléndidamente editada por Jus Ediciones con traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona.

Y así como el aventurero activo carece de imaginación y de sensibilidad, solo entiende la disciplina, suele morir de muerte violenta y deshonra a la familia más pintada, el aventurero pasivo –escritor o lector- se alimenta de la imaginación y de la fantasía, porque la aventura sólo existe en la imaginación del que la busca, afirma Mac Orlan.

Y de ahí la inutilidad de la experiencia directa de la aventura y de los viajes, cuyas incomodidades hacen que no valga la pena realizarlos más allá del ensueño. Eso sí, aunque el aventurero pasivo no debe alejarse mucho de su biblioteca, puede realizar algún viaje a Marsella, a Holanda, a Bretaña, a los suburbios de París o a la costa mediterránea, y hasta puede visitar algún cabaret bretón.  

Una rareza exquisita en la que se leen párrafos como este, sobre la lectura:

Un aventurero pasivo solo se conservará bien si se alimenta abundantemente con la sustancia maravillosa de los libros. 
Podemos afirmar que los libros de los grandes clásicos, que suelen reflejar el sentimiento general de una época, nada valen para nuestro hombre. 
Será en la literatura que refleja las inquietudes, a veces poéticas, de los escritores sin gloria donde hallaremos los principios que sustentan la profunda inquietud que convierte el aventurero pasivo en alguien comparable a un paralítico que recitara cien veces al día la Invitación al viaje de Baudelaire.

Santos Domínguez


13/10/17

Xavier Seoane. Elogio de vivir

Xavier Seoane.
Elogio de vivir.
Edición bilingüe.
Introducción de Xosé María Álvarez Cáccamo.
Linteo Poesía. Orense, 2017.


El caballo bebe la luz 
de la inmensidad 
en el agua del espacio 

árboles y dehesas 
destellan como brasas 
en la mañana ingrávida

canta la desnudez azul 
del pájaro sin alas 
en el centro del aire 

Ese poema, de El canto de la tierra, de Xavier Seoane, es uno de los que se recogen en Elogio de vivir, que publica Linteo en su estupenda colección de poesía.

Un volumen antológico que, con traducción del propio autor y una introducción de Xosé María Álvarez Cáccamo, propone una amplia selección de la obra poética publicada entre 1979 y 2013 por quien es sin duda uno de los mejores poetas gallegos contemporáneos,

Desde La nuca del pájaro hasta Espiral de sombras, Elogio de vivir es una muestra de treinta y cinco años de escritura cuya evolución resume Xosé María Álvarez con estas palabras en su introducción: “De la luz transparente y feliz del Génesis, de la vivencia del mundo como espacio paradisíaco al sombrío testimonio de la hora apocalíptica. La certeza vitalista de Seoane fue derivando a través de la experiencia de la melancolía para resolverse en conciencia de la decepción y del desastre.”

La de Xavier Seoane es una poesía de la mirada de un hombre ante el paisaje, como refleja la viñeta de portada de Ramón Pérez Carrió. Una mirada que oscila entre la celebración vitalista y la nostalgia de lo perdido y que se proyecta en dos temas: la naturaleza atlántica y el amor. 

Y en torno a esos ejes, la fusión con el paisaje, sereno  o de límites vertiginosos, el tiempo y la memoria, los sueños y los mitos articulan la reflexión de una poesía vigorosa y afirmativa, asentada en el matiz sensorial del adjetivo, en una suave línea melódica y en una emoción contenida que va del vitalismo exaltado – “Pronuncia la palabra. Mira la claridad”- a la memoria melancólica del futuro, al nostálgico Ubi sunt?  de Días de Cambre: "¿Dónde está ese país / en que oigo todavía...? /.../ ¿Qué se hizo de los ojos abiertos al milagro?”

La contemplación del instante irrepetible, el amor y la muerte, el presente y el pasado recorren estos versos a veces hímnicos y a veces elegíacos, transparentes siempre,  construidos con densidad poética y expresión depurada.

Versos que aunque resumen un camino hacia la sombra, la denuncia y el compromiso no renuncian a la exaltación de lo efímero desde la conciencia de la fugacidad, como en De la belleza que pasa, Dársenas del ocaso, el libro donde alcanza su expresión más alta la elegía de Xavier Seoane:

Qué hermosas, y lentas, esas tardes... 

La luz traspasando la niebla 
con su oro lento y frágil, 
la albura de la nube, cegadora y salvaje, 
o el incienso del azul ardiendo 
más allá de horizontes y de cabos...

Qué hermosas, y lentas, esas tardes... 

Allende la mirada, 
que haya mundo sumidos 
en la belleza del espacio, ¿qué supone 
para tu desventura y tu fracaso? 

Ni el eco del canto de los cisnes destrozados 
o las brasas del sol pervivirán 
cuando la noche se adentre en tus ojos 
y una lluvia de estrellas acribille el espacio.


Santos Domínguez

11/10/17

Diccionario Pla de literatura


Josep Pla.
Diccionario Pla de literatura.
Edición de Valentí Puig.
Traducción de Jorge Rodríguez.
Austral. Barcelona, 2017.

“A mí me ha gustado leer libros que, por una u otra razón, a veces por una razón enormemente trivial, me han enseñado alguna cosa, como me ha gustado hablar con las personas que me han subrayado algún matiz de la vida” escribía Josep Pla, “un lector de antes de la era del vacío, de antes de la contaminación ideológica, cuando leer era un placer y un aprendizaje”, afirma Valentí Puig en el prólogo del Diccionario Pla de literatura, una recopilación hecha a partir de una selección de textos de sus obras completas.

Hace quince años que se publicó el espléndido volumen de más de setecientas páginas que Austral incorpora ahora a su catálogo, resultado de un largo rastreo por miles de páginas “para favorecer el gozo de leer y de conocer mejor la obra de Pla.”

Pla fue un lector anticonvencional, un lector agudo, sin método y sin prejuicios, que  que reflexiona constantemente sobre la lectura y le da una enorme importancia a la adjetivación como centro de la escritura; un lector que habla de su aprecio literario y personal por Baroja al que dedicó muchas páginas: “Siempre me ha parecido un gran escritor, sobre todo un gran paisajista y un gran retratista”, aunque su defecto “es que es un hombre de adjetivo ligero. A veces juzga, adjetiva ligeramente, se lanza -como los asnos los pedos.”

Está en estos textos el Pla que admiraba a Baudelaire o a Samuel Buttler y era muy crítico con Camus –“superficial, vacío, retorcido, insignificante”- o con la literatura cerebral de Borges -“no es un escritor de la vida: es un escritor de los libros. Llega a ser insoportable”-; el que habla de Julio Camba, que evitaba leer porque consideraba las lecturas un peligro para el escritor y –al contrario de Borges- se jactaba de los libros que no había leído.

El Pla que dedicó muchas páginas a Proust, cuya obra “es un pozo sin fondo”, el que elogia a Cela por su capacidad para adjetivar  y admira a Chejov, “autor de cuentos insuperables”, a Conrad  o a Goethe y  y tiene como uno de sus referentes la obra de los moralistas franceses – Chamfort, La Bruyère,  Pascal, Joubert...

Conviven aquí el elogio de Leopardi y de Joyce las descalificaciones de Clarín –“un escritor de poco discernimiento”- y de Galdós, “escritor ilegible, aburridísimo”, la admiración hacia Tolstói y Valéry y la abominación de Dostoievski: “Por favor no lean a Dostoievski. Nunca, nunca”, de Kafka –“insoportable, asfixiante”- y de la poesía de Espriu, de obra incomprensible y arcaica, según Pla, que apreciaba mucho la poesía de Cavafis o el teatro de Shakespeare.

Pla –lo reflejan estas páginas- fue un lector infatigable y curioso, un buen conocedor de la literatura en español y en catalán, de la cultura francesa y las letras italianas o inglesas.


Un lector socarrón que lanza su mirada irónica sobre Gómez de la Serna, que “produce un mejor efecto sentado que en pie” y escribió “tres o cuatro mil millones de greguerías”; un lector sin prejuicios  que despreció a Rimbaud, a Nabokov  o Eugenio D’Ors: “Mientras tanto, el Glosador pasó a mejor vida, y desaparecida su vanidad el mundo parece más ligero.”

Santos Domínguez

10/10/17

Diario de un poeta reciencasado


Juan Ramón Jiménez.
Diario de un poeta reciencasado.
Edición de Michael P. Predmore.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2017.

Desde su publicación, hace un siglo justo, el Diario de un poeta reciencasado trazó una línea de frontera en la poesía española.  Juan Ramón Jiménez abría con este libro nuevos caminos a la literatura española y la encauzaba en la senda de la modernidad: la utilización del verso libre y del poema en prosa, la incorporación del tema de la gran ciudad -las avenidas, el suburbano, los taxis, el ómnibus, los luminosos o el cine-, incluso la articulación estructural del Diario como un todo orgánico lo convierten en el que seguramente es el libro más decisivo de la poesía española del siglo XX, porque aquí están preludiados temas, formas y actitudes del 27 y de la poesía posterior.

Coincidiendo con el centenario de este libro imprescindible, Cátedra Letras Hispánicas pública una nueva edición ampliada de la que desde hace veinte años es la edición canónica de Michael P. Predmore. 

Una edición canónica no sólo desde el punto de vista de la fijación textual, sino porque su amplio estudio introductorio es un texto de referencia inexcusable para quien quiera acercarse a este libro, que describe un viaje múltiple: hacia el mar y el amor, hacia la identidad madura, hacia la modernidad poética con un eje central en la tercera parte -América del Este- y el descubrimiento de una nueva geografía física -Nueva York, Boston, Washington, Baltimore- y una nueva situación vital y sentimental que se resume en la cuarta parte, Mar de retorno, del que forma parte este que es posiblemente el poema que da la clave del libro:

TODO 
Al mar y al amor

                                                 Verdad, sí, sí; ya habéis los dos sanado
                                            mi locura.

                                                El mundo me ha mostrado, abierta
                                            y blanca, con vosotros,
                                            la palma de su mano, que escondiera
                                            tanto, antes, a mis ojos
                                            abiertos, ¡tan abiertos
                                            que estaban ciegos!

                                                ¡Tú, mar, y tú, amor, míos,
                                            cual la tierra y el cielo fueron antes!
                                            ¡Todo es ya mío, todo, digo, nada
                                            es ya mío, nada!

Esta nueva edición ampliada del Diario de un poeta reciencasado incorpora más de sesenta textos inéditos, entre ellos un conjunto de textos, bajo el epígrafe Miss Conciencia, que, como señala Predmore, “añade otra dimensión de interés y expresividad al Diario.

Santos Domínguez

9/10/17

Cien años de soledad. Edición conmemorativa



Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad.
Edición conmemorativa.
Real Academia Española.
Asociación de Academias de la Lengua Española.
Alfaguara. Madrid, 2017.


“En la segunda mitad del siglo, quizá el único escritor que ha cosechado verdadera unanimidad haya sido García Márquez. Su obra maestra, Cien años de soledad, publicada en 1967, apareció en el vértice de la transición entre la novela de la modernidad y la novela de la posmodernidad, y acaso sea la única publicada entre 1950 y 2000 que haya encontrado tal número de lectores entusiastas en prácticamente todos los países y culturas del mundo”, escribía Gerald Martin en Gabriel García Márquez. Una vida, el mejor estudio de conjunto sobre la vida y la obra del creador de Macondo.

El 30 de mayo de 1967 salía de la imprenta el primer ejemplar de Cien años de soledad. ese milagro definitivo que apareció en Sudamericana con la inolvidable cubierta del galeón español varado en medio de la selva que se improvisó porque la portada encargada a Vicente Rojo no llegó a tiempo.

Antes de que se publicara, Carlos Fuentes había leído el manuscrito y le envió a Julio Cortázar esta carta entusiasta:

“Querido Julio:
Te escribo impulsado por la necesidad imperiosa de compartir un entusiasmo. Acabo de leer Cien años de soledad: una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si les hubiese dado la mano a todos mis amigos. He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar al mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!
Pero en algún rincón debe haber un Aureliano con su cruz de cenizas en la frente que venga a protestar contra la crónica del biznieto del coronel Gerineldo Márquez, corrija los inevitables errores y proponga una nueva lectura, radical e inédita, de los pergaminos de Melquiades. Un día, querido Julio, me hablaste de la novela como mutación. Eso es Cien años de soledad: una generación y una re-generacíón infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin.
Y qué sentimiento de que cada gran novela latinoamericana nos libera un poco, nos permite delimitar en la exaltación nuestro propio territorio, profundizar la creación de la lengua con la conciencia fraternal de que otros escritores en castellano están completando tu propia visión, dialogando contigo.”

Esa carta forma parte del artículo Para darle nombre a América, uno de los textos que enmarcan la edición conmemorativa de Cien años de soledad que publicó Alfaguara hace diez años con el patrocinio de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española y que acaba de reeditarse con motivo del cincuentenario de la novela, con textos preliminares de Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, García de la Concha y Claudio Guillén y un epílogo con cuatro estudios sobre la importancia de García Márquez y Cien años de soledad en la novela hispanoamericana.

El 26 de marzo de 2007 García Márquez recibió el primer ejemplar del millón que distribuyó aquella edición conmemorativa. Y en ese acto estas fueron sus primeras palabras:

“Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía Cien años de soledad llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura. Hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores y ante un artesano insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido. Pero no se trata de un reconocimiento a un escritor.
Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de Cien años de soledad no son un millón de homenajes a un escritor que hoy recibe, sonrojado, el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, este alimento.”

Para celebrar el medio siglo de los Buendía y de Melquíades en el reino de Macondo, nada mejor que volver a esa novela total, a ese inabarcable territorio de la imaginación, a la felicidad de su valor poético y sus adjetivos fulgurantes, a sus inolvidables imágenes y sus personajes extremados y frágiles, al fervor por la palabra que explora el lado más luminoso de la realidad, a su tiempo circular de espejos y espejismos.

Y a descifrar, como Aureliano Babilonia, los pergaminos en sánscrito en los que Melquiades profetizaba la destrucción de Macondo y el final de las siete generaciones de Buendías, “porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Entre el sueño y la realidad, la soledad y el deseo, siete generaciones y una maldición cumplida, un galeón varado en la selva, las edades metalúrgicas y la represión salvaje de una huelga, las guerras civiles y la abolición de las fronteras entre la vida y la muerte, el viento destructor en la ciudad de los espejos, los espejismos y las mariposas amarillas en un tiempo sin tiempo entre José Arcadio, el fundador, y el Aureliano final, que nace con la marca siniestra de la profecía. Lo predijeron los pergaminos de Melquiades:

El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas.

Una nueva invitación a participar  del milagro irrepetible de la novela más prodigiosa que se ha escrito en español en el siglo XX.


Santos Domínguez



6/10/17

Lêdo Ivo. Réquiem

Ledo Ivo.
 Réquiem.
Traducción y prólogo de Martín López-Vega.
Edición bilingüe.
El Gallo de Oro. Bilbao, 2017. 

Aquí estoy, aguardando el silencio.(...) Ahora la noche desciende para siempre, escribe Lêdo Ivo en dos versos del comienzo de Réquiem, que publica El Gallo de Oro en versión bilingüe con traducción y prólogo de Martín López Vega, que lo sitúa como “la cima de la obra poética de Lêdo Ivo, resumen de sus temas y obsesiones, veta mayor de su mina inmensa.”

Lo escribió entre 2004 y 2006, tras la muerte de su mujer, convencido ya de que “el tiempo no volverá a ser celebrado / entre las constelaciones.”

Réquiem es un poema largo organizado en ocho partes y escrito desde el no lugar de una isla, desde el lugar de agua y tierra de la infancia, desde el tiempo efímero de la memoria que invade la muerte destructora del sueño y de la identidad:

No sabemos dónde estamos. No sabemos qué somos. 
No sabemos nada, más allá de que una noche 
pura y vacía nos aguarda.”

Entre la elegía -¿Dónde están…?- y el himno -Felices quienes parten-, entre la celebración y el lamento, conviven en estos versos lo que nace y lo que muere, el día y la noche final, la fusión con la naturaleza y la disolución en el tiempo circular (el día más largo del hombre / dura menos que un relámpago), la lluvia sobre el mar blanco y el silencio del mundo, la imagen reveladora y la reflexión desengañada: cuanto perdí, lo perdí para siempre.

En esa coexistencia desgarrada de la vida y la muerte, de la luz y la sombra, Réquiem, el último libro de Lêdo Ivo es, como señala López-Vega- “mucho más que un testamento, porque es, sobre todo, un sutil libro de instrucciones de la vida.”

Cierra la edición un doble epílogo: un texto de su hijo, Gonçalo Ivo (El día más largo del hombre) y un ensayo en el que Edgar Lyra hace una lectura de este poema como “un diálogo impresionante con la muerte.”

Así termina ese diálogo:  

Ahora el silencio del mundo lacra mi alma. 
El rosáceo rayo de la rosácea alborada 
apunta hacia la noche oscura. 
De mí mismo alejado por la muerte, 
esa concha que no guarda el ruido del mar, 
aquí termina, en el lodo negro de los pantanos, 
mi largo caminar entre dos nadas.
Santos Domínguez

4/10/17

Javier Marías. Berta Isla



Javier Marías.
Berta Isla.
Alfaguara. Madrid, 2017.

Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido, de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él. Pero también ella se había hecho mayor por su cuenta, en su ausencia, era muy joven cuando se casó.

Así comienza Berta Isla, la nueva novela de Javier Marías que publica Alfaguara en su colección Narrativa Hispánica.

Dos narradores, Berta Isla y un anónimo omnisciente, dos perspectivas, la de la primera y la de tercera personas, muestran las vidas de unos personajes que están y esperan: la de Berta Isla, de simbólico apellido, una Penélope aislada y en aguardo a ciegas de su marido, Tom/Tomás Nevinson, medio inglés medio español, reclutado para el servicio secreto británico por el profesor Peter Wheeler por su facilidad para los idiomas y para las imitaciones.

Dos protagonistas, dos voces narrativas, dos países y tres décadas -entre 1969 y 1995- en una novela vinculada con el ciclo de Oxford no sólo por el espacio en el que se sitúa, sino por la reaparición de personajes de Tu rostro mañana como Wheeler y Bertram Tupra, que desempeñan aquí papeles fundamentales.

Con el amor y el espionaje como ejes, con relatos como El regreso de Martin Guerre o El coronel Chabert como referencias de fondo, Berta Isla es una absorbente novela sobre la espera y la soledad, la duda y el secreto, sobre las desapariciones y la vida de quien acaba siendo casi un fantasma tras veinte años de ausencia, “un espectro que va y viene y se aleja y vuelve.”

“Cuánto riesgo en cualquier cosa”, advierte el narrador antes de evocar el noviazgo de los dos adolescentes a mediados de los 60. Y a partir de ahí un crimen dudoso que precipita los acontecimientos, el error y la traición, la culpa y la incertidumbre, la identidad y la máscara, las relaciones opacas con los demás y con uno mismo articulan una narración inquietante sobre el destino y la espera, sobre las zonas de oscuridad en el conocimiento de sí mismo y de los otros, porque “uno no sabe nunca cuánto tiene que ocultar”. 

En Berta Isla asistimos con creciente intensidad a un ejercicio de vidas ficticias que da lugar a “una convivencia confusa y oscura, plagada de silencios y engaños y ausencias, o de medias verdades en el mejor de los casos y extensísimas zonas de sombra.”

Y como contrapunto de la trama, los versos de uno de los Cuatro cuartetos de Eliot -The Little Gidding- dan la clave del sentido de la novela: 

Nacemos con los muertos:
ved, ellos vuelven, y nos traen con ellos.

Santos Domínguez

3/10/17

Gastón Segura. Un crimen de estado


Gastón Segura. 
Un crimen de estado. 
Prólogo de Rafael Fraguas.
Drácena. Madrid, 2017. 

El 15 de junio de 1947 Alfredo Martínez Nadal, un funcionario de Correos, era asesinado en un frontón de Barcelona por la policía franquista.

Era hermano de un conocido exiliado, Rafael Martínez Nadal, que había tenido una intensa relación amorosa con García Lorca y editaría El público en Londres en 1973. En los años 40 era comentarista político en el diario británico The Observer, trabajaba en la BBC y daba clases en el King’s College de Londres.

A partir de esos hechos y su transfondo histórico, Gastón Segura construye Un crimen de estado, una novela que publica Drácena precedida por un prólogo en el que Rafael Fraguas destaca que “Gastón Segura recobra en su novela un espacio y un tiempo, sociales, donde comparece la España que durante tantos años casi nadie de aquí quiso ver, salvo quienes desde la clandestinidad o el exilio pugnaban por abrir paso a la racionalidad, a la dignidad y el respeto hacia nuestro dolorido pueblo.”

Aquel asesinato de un hombre anodino el año de la visita de Eva Perón fue una venganza. Sus claves hay que buscarlas en una situación histórica determinante de aquellos hechos: la fracasada visita de Carrero Blanco a don Juan para que asumiera la Ley de Sucesión promulgada por un régimen acorralado tras la derrota de sus amigos del Eje, la publicación del Manifiesto de Estoril y de la entrevista que Rafael le hizo en The Observer fueron los detonantes de una venganza absurda en la persona del hermano de quien había entrevistado por entonces a los líderes republicanos y monárquicos exiliados en París.

Organizada en dos partes, tras el planteamiento de los hechos y los antecedentes –“A hurtadillas de la historia”-, el núcleo del relato es el “Trivio del día de autos”, la parte más potente de la novela desde el punto de vista literario. En ella el narrador cede la voz a Segis para presentar a varios personajes -Ricardo Portela, Jacinto el Balilla o Elvira- que fueron testigos de aquellos acontecimientos. 

Santos Domínguez