11/12/17

Joseph Campbell. Mitología oriental


Joseph Campbell.
Las máscaras de Dios.
Mitología oriental.
Traducción de Belén Urrutia.
Atalanta. Gerona, 2017.

“Al mundo moderno han llegado dos mitologías totalmente opuestas del destino y la virtud del hombre, que contribuyen conflictivamente al proceso de creación de toda nueva sociedad. Pues del árbol que crece en el jardín donde Dios pasea al fresco del día, los hombres sabios al oeste de Irán han probado la fruta del conocimiento del bien y del mal, mientras que los que están al otro lado de esa linde cultural, en la India y en Extremo Oriente, sólo han saboreado la fruta de la vida eterna. No obstante, se nos dice que los dos miembros se unen en el centro del jardín, donde forman un solo árbol cuyas ramas se bifurcan cuando alcanzan cierta altura. De la misma forma, las dos mitologías hunde sus raíces en Oriente Próximo. Si el hombre probara ambos frutos, se convertiría en Dios mismo (Génesis 3, 22); esta es la gran posibilidad que nos ofrece hoy el encuentro de Oriente y Occidente”, escribe Joseph Campbell en Mitología oriental, el segundo volumen de Las máscaras de Dios, que publica Atalanta con traducción de Belén Urrutia.

Campbell trabajó durante doce años en Las máscaras de Dios, que sería su obra central y que planteó como una “historia natural de los dioses y los hombres”, como un monumental estudio de mitología comparada que publicó entre 1959 y 1968 en cuatro tomos centrados en los mitos primitivos, orientales y occidentales y en la mitología creativa. 

Escrito en 1962, este segundo volumen, Mitología oriental, ofrece una nueva edición revisada por la Fundación Joseph Campbell y explora el desarrollo de la mitología oriental en diversas culturas como la mesopotámica, egipcia, india, china y japonesa.

Originados en el Oriente Próximo y luego separados entre lo oriental y lo occidental, mitos como el del eterno retorno, la muerte y la regeneración que dan lugar al interminable ciclo de la vida; imágenes y símbolos presentes desde Mesopotamia en las escenas alegóricas de los sellos sumerios; personificaciones del conflicto cósmico entre lo claro y lo oscuro, entre eros y tánatos, entre el yang y el yin del taoísmo. 

A través de epopeyas y leyendas, de construcciones y grabados se exploran en estas páginas los dos grandes motivos que se manifiestan en las distintas mitologías: el asombro y la salvación, los mitos de la creación, la caída y el diluvio o imágenes como la del primer ser dividido en dos, los arquetipos básicos de la agresión y el deseo o la escisión de lo humano y lo divino.

Campbell reconstruye así la atmósfera del mito en las tumbas egipcias y los ritos funerarios y explora las mitologías de la India desde el Valle del Indo en la India antigua a la Edad de Oro, pasando por la India budista del nirvana y la vía del placer; o los mitos de Extremo Oriente: de China, entre el sistema de Confucio y la filosofía del Tao; de la  mitología japonesa entre la edad de los espíritus y la vía de los héroes o del Tíbet y la nueva felicidad del budismo.

“Su principal resultado para mí ha sido la confirmación de una idea que he mantenido larga y confiadamente: la unidad de la raza humana, no sólo en su historia biológica sino también en la espiritual” escribía Joseph Campbell en un texto elaborado a la conclusión de Las máscaras de Dios, que figura como Preámbulo de este segundo volumen.
Santos Domínguez

8/12/17

Ortega. El Espectador V-VIII


José Ortega y Gasset.
El Espectador V y VI.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.




José Ortega y Gasset.
El Espectador VII y VIII.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.

¡La gran delicia, rodar por los caminitos de Castilla! Como la tierra está tan desnuda, se ve a los caminos en cueros ceñirse a las ondulaciones del planeta. Se lanzan de cabeza, audazmente, por el barranco abajo, y luego, de un gran brinco elástico, ganan el frontero alcor y se adivina que siguen su ruta cantando alegremente no se sabe qué juventud inalterable adscrita a ellos. Hay momentos en que sobre los anchos paisajes, amarillos y rojos, parecen la larga firma del pintor.
/.../ 
Tierra de Campos. Mieses, mieses maduras. Por todas partes oro cereal que el viento hace ondear marinamente. Náufragos en él, los segadores, bajo el sol tórrido, bracean para ganar la ribera azul del horizonte.

Es el comienzo y el final de En el viaje, la primera de las Notas del vago estío con las que se abría el volumen V de El espectador, que Ortega y Gasset publicó en 1927.

Coordinados y revisados por un equipo de trabajo del Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación José Ortega y Gasset - Gregorio Marañón, los ocho volúmenes originales han ido apareciendo en El libro de bolsillo de Alianza Editorial, que culmina la edición íntegra en cuatro tomos de El espectador en el marco de una Biblioteca de autor dedicada a Ortega.

Están en estos últimos volúmenes (V-VIII), publicados entre 1927 y 1934, la serie Notas del vago estío, a la que pertenecen textos como Nuestra Señora del Harnero o Ideas de los castillos, Fraseología y sinceridad, Dios a la vista, El origen deportivo del Estado o Meditación del Escorial.

Está en estos libros el mejor Ortega desde el punto de vista literario, el prosista brillante que, más allá del descuido barojiano o del esquematismo casi telegráfico de Azorín, da constantes muestras de una prosa de largo aliento, elaborada, clara y tersa que alcanza en estas páginas sus manifestaciones más altas. 

Son las páginas de Ortega que han soportado y seguramente soportarán mejor el paso del tiempo por la consistencia estilística de una prosa en la que conviven el matiz y la limpidez, la levedad fluida de la frase y la precisión luminosa de sus imágenes. 

Y aunque en todos ellos está el pensador profundo, estos no son textos estrictamente filosóficos, sino manifestaciones de la curiosidad intelectual de un observador perspicaz. Están en su variedad más cerca del libro de viajes, de la crítica literaria, de los apuntes sobre pintura, arquitectura o música. 

Textos en los que el extraordinario prosista que fue Ortega dejó la impronta de su voluntad de estilo, de su intuición y su inteligencia, de su capacidad para la sutileza, para la metáfora o la sugerencia impresionista.

Observación, descripción y meditación se suceden en estas páginas, en las que la mirada profunda al paisaje y a su carga histórica sirve como palanca de reflexiones sobre política y sociedad. Impresiones de viaje, meditaciones sobre filosofía y cultura,  antropología y psicología o crítica literaria, como en Tiempo, distancia y forma en el arte de Proust.

Una mirada integradora como la que aparece en Meditación del Escorial, que se abre con el capítulo 'En el paisaje', que comienza así:

Sobre el paisaje del Escorial, el Monasterio es solamente la piedra máxima que destaca entre las moles circundantes por la mayor fijeza y pulimento de sus aristas. En estos días de primavera hay una hora en que el sol, como una ampolla de oro, se quiebra contra los picachos de la sierra, y una luz blanda, coloreada de azul, de violeta, de carmín, se derrama por las laderas y por el valle, fundiendo suavemente todos los perfiles. Entonces, la piedra edificada burla las intenciones del constructor y, obedeciendo a un instinto más poderoso, va a confundirse con las canteras maternales.

Santos Domínguez

6/12/17

Relatos de Kolimá VI


Varlam Shalámov.
 Relatos de Kolimá VI.
Ensayos sobre el mundo del hampa.
Traducción y posfacio de Ricardo San Vicente.
Minúscula. Barcelona, 2017.

“Si no se entiende con toda claridad la esencia del mundo criminal no se puede comprender qué es un campo de trabajo”, escribe Varlam Shalámov (Vólogda, 1907-Moscú, 1982) en uno de los ocho textos que forman parte de sus Ensayos sobre el mundo del hampa, el volumen con el que la editorial Minúscula culmina la publicación de los Relatos de Kolimá.

Es el sexto volumen de un proyecto editorial que comenzó hace una década con el propósito ahora cumplido de publicar por primera vez en español de manera íntegra estos Relatos de Kolimá traducidos por Ricardo San Vicente, que en el posfacio de este último volumen los define como “seis ciclos contundentes, arrebatadores, verídicos, pavorosos y al mismo tiempo bellos.”

Entre el ensayo y el relato, los ocho textos de este tomo final abordan la presencia de los hampones en los campos de concentración, la colaboración de los ladrones en el exterminio de los presos políticos y los tratos de favor que se les dispensaban, porque “el espíritu corruptor de los hampones impregnaba toda la vida de Kolimá.”

Además de denunciar la simpatía con que la literatura ha tratado a los delincuentes comunes, a los que ha puesto una máscara romántica, Shalámov  describe en estos textos el papel de la mujer en el mundo del hampa, los comportamientos del hampa y, con notable ironía, hasta sus necesidades estéticas a las que los ladrones dan salida con su lírica carcelaria o con la expansión narrativa de sus “novelos”.

La edición se cierra con la transcripción de un manuscrito de 1961 –Qué he visto y comprendido en los campos- en el que Shalámov resume en primera persona a lo largo de cuarenta y seis puntos su experiencia del cautiverio en los campos de concentración de la región de Kolimá, en Siberia, bajo el estalinismo.

“He sabido –escribe en uno de esos puntos- que el mundo no se ha de dividir entre buenos y malos, sino entre los cobardes y los que no lo son. El 95 % de los cobardes son capaces de cualquier villanía, de vilezas mortales, ante una débil amenaza.”

El infierno blanco de Kolimá, en el extremo oriental de Siberia, el paisaje de la taiga, los sufrimientos, la injusticia, el dolor y la aniquilación de los disidentes en la tierra de la muerte blanca son las claves de unos textos que suman a su potencia literaria su valor documental y han hecho de su autor uno de los grandes de la narrativa rusa del siglo XX.

Shalámov fue un superviviente que pasó allí más de quince años de torturas físicas y morales que pudo conjurar con la escritura intensa y liberadora de estos relatos breves, que tienen la sutileza elíptica de Chéjov, la voluntad testimonial de los cuentos de Isaac Babel y un estilo que parece aprendido de la dureza cortante del hielo siberiano.

Santos Domínguez

5/12/17

Gerardo Diego - Juan Larrea. Epistolario



Gerardo Diego - Juan Larrea.
Epistolario 
1916 –1980.
Edición de Juan Manuel Díaz de Guereñu 
y José Luis Bernal.
Residencia de Estudiantes. 
Fundación Gerardo Diego.
Madrid, 2017.

“La correspondencia de Gerardo Diego y Juan Larrea es un conjunto documental de excepción. Lo definen como tal el número de mensajes que incluye, su densidad y extensión en el tiempo y, sobre todo, la significación de los dos autores en la historia de la poesía española del siglo XX.” 

Así comienzan Juan Manuel Díaz de Guereñu y José Luis Bernal la Introducción a la edición del Epistolario que intercambiaron Gerardo Diego y Juan Larrea entre octubre de 1916 y enero de 1980, un volumen que publica la Residencia de Estudiantes en coedición con la Fundación Gerardo Diego.

Un epistolario que, como se señala en la nota introductoria a la edición, “desgrana el vivo diálogo poético y personal que mantienen entre ellos durante su etapa de formación y primera madurez, y aporta textos y abundantes datos acerca de la creación de sus obras respectivas, así como de la poética que compartieron. Las cartas contienen, además, los textos de 31 poemas de Larrea (más uno traducido del francés por Diego) y de 69 de Diego. La mayoría son inéditos o versiones tempranas de poemas luego publicados.”

En conjunto, más de cuatrocientas cartas que documentan no sólo su amistosa relación personal, sino su proceso de formación y madurez como poetas, sus tanteos y entusiasmos, sus descubrimientos compartidos de novedades, sus reflexiones sobre teoría y práctica de la escritura, la definición de sus mundos literarios y la expresión de su propia voz poética, sus afinidades o sus referentes entre los que destaca el creacionista Vicente Huidobro, una referencia constante como maestro en estas cartas en las que también tiene una presencia considerable César Vallejo y, lo que puede chocar más, Jacinto Benavente, con alusiones que son mucho más frecuentes que las que hay a otros poetas del 27 o a Machado o Juan Ramón Jiménez.

Cartas que se hicieron más esporádicas desde 1937, cuando la guerra y el exilio separaron a Diego y Larrea con una distancia que no fue sólo física, sino también ideológica y vital desde que Larrea llegó a llamar “Judas” en un artículo de 1938 a Gerardo Diego, que se lo reprochó treinta años después, en una carta de 18 de enero de 1967.

Un conjunto espléndidamente editado y presentado por un estudio introductorio que analiza el valor de estas cartas y las sitúa en el contexto de la evolución política y personal de estos dos autores y en el horizonte más amplio de la poesía española de su tiempo. 

Porque, como concluyen Juan Manuel Díaz de Guereñu y José Luis Bernal, “esta correspondencia esclarece el papel que muchos de los autores y obras de la Edad de Plata han desempeñado y desempeñan en la historia literaria contemporánea española, así como el protagonismo fundamental que en ella tienen Diego y Larrea. Las voces que diálogan en estas cartas -tan diferentes, tan complementarias- interpretan dos solos esenciales en una actividad creadora coral, que los epistolarios de la Edad de Plata redescubren.”

Santos Domínguez

4/12/17

La vida perra de Juanita Narboni


Ángel Vázquez.
La vida perra de Juanita Narboni.
Seix Barral. Barcelona, 2017.

1962, que fue un año decisivo en el desarrollo y la reorientación de la novela española contemporánea, por la publicación de Tiempo de silencio y la concesión del Biblioteca Breve a La ciudad y los perros, pudo haber sido también un año decisivo para la carrera literaria de Ángel Vázquez.

Pudo, subrayo, porque con Ángel Vázquez (1929-1980) todo es impredecible y extraño. Hasta la forma de ganar el Planeta ese año con Se enciende y se apaga una luz por descalificación de la novela que había ganado en principio. Cuando le dieron el premio, Ángel Vázquez sobrevivía en Casablanca en una pensión de mala muerte en donde disimulaba su insolvencia haciendo creer que salía todas las mañanas a trabajar como oficinista. Quien le comunicó la noticia recordaba que encontró al novelista vagabundeando y mordisqueando un bocadillo.

Él mismo contó alguna vez que escribió aquella novela en Tánger a base de infusiones de whisky y vino tinto, tan a contrapelo como todo en su vida. Más allá de las poses y de los diletantes, quizá haya sido el último escritor verdaderamente maldito de la literatura española, con una obra sometida a un injusto olvido.

Escritor fuera de nómina se le ha llamado alguna vez, en todo caso escritor marginal que nació en 1929 en esa tierra de nadie que fue Tánger desde la conferencia de Algeciras hasta la independencia de Marruecos, una ciudad internacional con un estatuto especial en la que pensó Curtiz cuando rodó Casablanca, que es más Tánger que Casablanca.

La originalidad literaria de Ángel Vázquez debe mucho a su origen: tuvo una infancia complicada y traumática, fue empleado de sucesivas precariedades, autodidacta de sólida formación literaria, con una afición cada vez más adictiva al alcohol y su situación económica se hizo más difícil a medida que Tánger se convertía en una ciudad marroquí.

En 1965, después de la muerte de su madre, se traslada a España, publica su mejor novela, La vida perra de Juanita Narboni en 1976 y muere el 25 de febrero de 1980 de un ataque al corazón.

Despectivo consigo mismo y con su escritura, exigente hasta el límite del rechazo, un rato antes de morir había estado quemando dos novelas que no había conseguido terminar y que sus amigos tienen por lo mejor que había escrito.

Marginal por vocación y por destino, escritor a contracorriente e inclasificable, la literatura fue para él una forma de defenderse de las injurias de la vida. Era, lo decía él mismo, la evasión del prisionero, no la huida del desertor, y se instalaba más que en la tradición española, en la de la narrativa francesa o inglesa y en las novelas y relatos de Virginia Woolf, Katherine Mansfield o Chejov.

Indefinible como la ciudad en la que nació y vivió hasta 1965, en Tánger fue amigo de los Bowles, especialmente de Jane, que profetizó que Ángel Vázquez escribiría algún día una obra irrepetible. Esa obra es La vida perra de Juanita Narboni, que reedita Seix Barral, una novela intensa y sorprendente, escrita bajo la influencia de sustrato de la memoria y la yaquetía, el castellano popular y mestizo que se hablaba en Tánger.

Ardua y discontinua en su redacción, brillante en su resultado final, La vida perra de Juanita Narboni es la novela de Tánger, de su protagonista-narradora femenina, que muere cuando muere la ciudad, y del lenguaje con el que se expresa en un soliloquio desgarrado más que en un monólogo interior. Esos tres elementos se funden en la única voz que habla en la novela, el mejor monólogo (así lo calificó Rafael Conte) de la literatura española contemporánea. 

El monólogo crispado de una mujer que da rienda suelta en él a su amargura y a su fracaso, el soliloquio de una mujer disparatada como la ciudad declinante en la que sobrevive a su propia ruina:

Cada día me cuesta más trabajo ponerme las medias. Si tuviera ocasión y pudiera ir a Madrid, me compraría un abriguito de entretiempo. Estas cosas, indudablemente, son michelines. ¡Tócate bien, Juani! Michelines... ¡Quién te lo iba a decir! Yo que siempre creí que eso era un anuncio. ¡Y pensar que aún no hace diez años yo era una mujer delgada! Delgada, delgadísima. «Patas de alambre» me llamaban las niñas en la escuela. Sobre todo aquella hija de puta de la nieta de Madame Naudy. ¡Bien muerta está! Echo de menos los altavoces. Con este levante no creo que aparezca nadie por aquí. ¿Qué habrá sido de Rina Ketty? Cantaba «Sombreros y mantillas» de morir. Ése es el hijo de Cecilia. Parece mentira. ¡Y pensar que lo he visto nacer! Una prenda. Que Dios se lo conserve. Dicen que nada mejor que un delfín. ¡Qué guapo es! No se parece mucho a Cecilia, y para nada a Rodolfo. La Virgen del Carmen quiera que a Ricardito Atalaya no se le ocurra equivocarse de bandera. Y, ahora, este tonto viene a echarme. Si te conozco, niño. Tú eres el hijo de Isabel, aquella criada que mamá se trajo de Cartagena. Estuvo un tiempo sirviendo en casa y luego nos la quitó María Benet. No. No voy a comer, ni muchísimo menos. Con lo que cuesta aquí el cubierto yo tengo para una semana. Le preguntaré por la madre. Como la que no quiere la cosa. Eso le desconcertará. Lo que yo decía. Se ha quedado de piedra. ¡Cómo sonríe el cabrón! Me alegro de que Isabel esté bien, y que hayan puesto un chiringuito en Algeciras. ¡Claro que soy la señorita Narboni! Nada de por casualidad... Juani Narboni, para que te enteres.

Pues eso, para que se enteren, un personaje inolvidable y una lectura imprescindible.

Santos Domínguez

1/12/17

Ko Un. Flores de un momento


Ko Un.
Flores de un momento.
Poemas breves.
Traducción de Sung Chul Suh.
Introducción de Antonio Colinas.
Linteo Poesía. Orense, 2017. 

Mi nirvana es nirvana errante. 
Aprendí eso 
del viento. 
Aprendí más de cosas como 
nubes, 
lluvia, 
agua de acequias. 

Soy un estudiante siempre errante,

escribe el poeta coreano Ko Un (1933) en uno de los textos de Flores de un momento, un conjunto de ciento ochenta y cinco poemas breves que publica Linteo Poesía traducidos por Sung Chul Suh y con una introducción de Antonio Colinas, que destaca que este libro "es solo un afluente, pero muy significativo de ese río de ríos que es la caudalosa obra poética de Ko Un."

En estos poemas, de gran variedad de temas y registros, confluyen la vida y la literatura, conviven la meditación y la contemplación del paisaje, la memoria y el presente, la luz del universo como reino poético y la historia, el sentimiento y las sensaciones.

Son poemas que entre el lirismo y el compromiso dibujan con leves pinceladas el mapa de un viaje al conocimiento y al interior de sí mismo a través de una poesía en la que –escribe Antonio Colinas- “se funden siempre la realidad más viva con el lirismo más natural y exquisito.”

Como en esta mirada a lo cotidiano y lo próximo:

Una hilera de hormigas 
está cruzando una calle.
Quizás para que nosotros podamos darnos cuenta 
hoy, 
mañana 
y pasado mañana, 
poco a poco, 
de que este mundo no le pertenece 
solo a la  humanidad.

Al mediodía, caliente como un brasero de carbón,  
el cuclillo ha dejado de llamar.


Santos Domínguez

29/11/17

Balzac. Escenas de la vida de provincia


Honoré de Balzac.
La Comedia humana.
Volumen VI. 
Escenas de la vida de provincia.
Traducción de Aurelio Garzón del Camino.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

Culminada hace unos meses la edición en cinco tomos de las Escenas de la vida privada, primera de las series de La comedia humana de Balzac, Hermida Editores publica con traducción de Aurelio Garzón del Camino un nuevo volumen con cuatro títulos  -El ilustre Gaudissart (1832), Eugénie Grandet (1834), La musa de la provincia (1837) y Ursule Mirouët (1841)- que pertenecen a otro ciclo: Escenas de la vida de provincias. 

Un volumen del que forma parte una de sus novelas más conocidas, Eugénie Grandet, en la que Balzac creó dos personajes inolvidables: el de la protagonista y el de su padre, el avaro tonelero Grandet. Dos de los caracteres mejor trazados por Balzac, que opone el idealismo y los sentimientos generosos de Eugénie a los intereses miserables del mundo materialista y provinciano que la rodea.

Ese contraste reaparece años después en Ursule Mirouët, una novela de corte folletinesco y ocultista en la que se cruzan el realismo y el romanticismo en la oposición entre la inocencia idealista de la protagonista y el  prosaísmo de su entorno a propósito de una herencia conflictiva.

Con El ilustre Gaudissart Balzac construyó una novela corta satírica a partir del retrato de un viajante de comercio para el que lo único importante es vender. Una caricatura que refleja el choque entre el impulso modernizador del vendedor de novedades y la resistencia socarrona y reticente de los habitantes de la provincia.

Cierra el volumen La musa de la provincia, centrada en la figura protagonista de la condesa Dinah, un lejano antecedente de Emma Bovary: una mujer soñadora y aburrida, casada con un hombre treinta años mayor que ella, autora de textos que firma con seudónimo masculino y en los que proyectará sus ambiciones literarias, que la realidad acabará frustrando.

Cuatro novelas que proponen el retrato moral de la sociedad rural en la Francia de la Restauración.

Santos Domínguez

28/11/17

Denise Levertov. Pausa versal


Denise Levertov.
Pausa versal.
Ensayos escogidos.
Traducción de José Luis Piquero
Vaso Roto. Madrid, 2017.

“Los poetas guardan a la poesía una lealtad que puede a veces entrar en conflicto con las exigencias de la vida doméstica y con otros aspectos de la vida. De esos conflictos emerge a veces la propia poesía”, escribe Denise Levertov en el Esbozo autobiográfico que cierra la antología de ensayos escogidos que publica Vaso Roto bajo el título Pausa versal, un volumen que reúne veinticinco ensayos con traducción de José Luis Piquero.

Antología de la obra ensayística de la poeta norteamericana que es reflejo de su lúcida lectura de la tradición poética contemporánea a través de unos textos en los que se conjugan su mirada analítica y crítica con la intuición de la poeta.

Con la integración constante de esas dos perspectivas, Denise Levertov analiza en estos ensayos escogidos los temas y las formas de la poesía, la importancia del tono y la experiencia, las diferencias entre la poesía orgánica sometida a esquemas rítmicos y la poesía en verso libre o la necesidad de una nueva terminología para abordar el análisis del texto poético.

Uno de los motivos centrales de estos ensayos es el estudio de la eficacia del ritmo, del carácter significativo de la pausa versal o de la música del poema. Pero también el papel del poeta en el mundo, el compromiso político o la relación entre poesía y autobiografía son objeto de la reflexión sobre la poesía, entendida como una intensa aventura espiritual en busca de revelaciones:

“Lo que muchos no reconocen es que los poetas escriben poesía a partir del mismo impulso por el que otros los leen. La gente recurre a los poemas (cuando saben que la poesía existe) en busca de algún tipo de iluminación, en busca de revelaciones que les ayuden a sobrevivir; a sobrevivir en espíritu, no sólo físicamente. Estas revelaciones no son la mayor parte de las veces sobre lo inaudito, sino sobre lo que está a nuestro alrededor olvidado o sin ser visto. O bien iluminan lo que sentimos pero que no sabemos que lo sentimos hasta que se expresa.”

Estas páginas de Denise Levertov arrancan de una mirada desde dentro al proceso de creación poética y ofrecen también una lectura peculiar de autores con los que la poeta y ensayista reconoce una especial afinidad. Y así se centra en la lucha de Anne Sexton, en  el magisterio de Rilke o en el duende de William Carlos Williams.

Recorre estos ensayos una corriente continua reflexiva sobre la poesía y el conocimiento, sobre la experiencia y la palabra: “Un poeta, un tipo de persona verbal, está siempre hablando consigo mismo, dentro de sí mismo, aproximándose y evaluando constantemente y tratando de traducir su experiencia a palabras.”

Santos Domínguez


27/11/17

Cristina Peri Rossi. Todo lo que no te pude decir


Cristina Peri Rossi.
Todo lo que no te pude decir.
Menoscuarto. Palencia, 2017.

La noticia la recibió a las nueve y treinta de la mañana, mezclada con la previsión del tiempo para las próximas veinticuatro horas, el estado de la red vial y el índice de contaminación ambiental. Parecía una primavera especialmente virulenta, con índices altísimos de polen, todo el mundo estaba medio alérgico y la temperatura variaba diez grados el mismo día. Y en medio de los pólenes de los plátanos, de los olivos y de las gramíneas, de una patera repleta de saharianos que se había perdido en el mar como la Nave de los locos y las luces del faro de la costa que no iluminaban, la noticia urgente de que Bubú, un chimpancé robusto y poderoso, había roto los barrotes de su jaula en el zoo y escapado, llevando de la mano a su compañera, Elisa.

Así comienza el primer capítulo -El idilio de Bubú y Elisa- de Todo lo que no te pude decir, la novela de Cristina Peri Rossi que publica Menoscuarto.

Casi veinte años después de El amor es una droga dura, Cristina Peri Rossi regresa al territorio de la novela con esta mirada al amor, la posesión y el abandono, la soledad y el deseo desde la diferencia a través de nueve capítulos que casi pueden leerse como relatos breves que alcanzan su sentido en el conjunto de estas historias entrelazadas de personajes con destinos cruzados.  

Personajes solitarios y desvalidos como el comisario Fonseca o Suárez, empleado de un zoo, que se mueven entre el silencio y el secreto, entre  la ternura y la brutalidad y el hilo conductor de las referencias a King Kong, al rapto de Proserpina y a La muerte y la doncella.  Y al fondo, las oscuras relaciones humanas, porque todo no se puede decir. 

Santos Domínguez



24/11/17

Hugo Mujica. Dioniso


Hugo Mujica.
Dioniso.
Eros creador y mística pagana.
El hilo de Ariadna. Buenos Aires, 2017.

La vida es un acto creador o deja de ser vida, escribe Hugo Mujica en uno de los versos de Dioniso. Eros creador y mística pagana, un ensayo poético vitalista y una reflexión sobre la creación y la existencia que tiene como eje la referencia de Dioniso como dios vital, como símbolo de la creatividad. 

Como en el resto de su obra, los textos de Mujica en Dioniso están atravesados por el chispazo intuitivo, musical e iluminador del relámpago poético. Como en los presocráticos, estos poemas viven en una zona intermedia entre la poesía y la filosofía. Y, como en el Hölderlin más desestructurado y más genial, o como en Jabès, la tonalidad y el procedimiento de Mujica son propios de la poesía pero aspiran al conocimiento:

“Crear –escribe en el Preludio- es el verbo y la insistencia de la vida. Soy lo que le está aconteciendo a la vida ahora, en este ahora que ella me acontece a mí; somos su creación si la creamos y la creamos si nos dejamos por ella originar. Dioniso y dionisismo son nombres de un acontecimiento, nombres que albergan una poíesis, una ontología del devenir, o, en palabras más amables, un deseo de ser, una erótica de la creación. Un devenir, una transfiguración, no como futuro temporal sino como un acaecer presente, como un manantial, una fuente, un brotar, ya, aquí. Desde aquí.” 

Desde ahí, a lo largo de este libro, búsquedas, intuiciones y caminos que se abren al conocimiento a través de la palabra tensa y potente del poeta: palabra que calla más que habla y se sitúa en el vacío, en la frontera del sentido y en el desierto. Reflexión y revelación, ensayo y poesía, pensamiento e intuición para escribir versos como estos: 

Dioniso es la vida siendo sentido de sí misma: 
dándose a sentir: 
sintiéndose en cada vida.

Santos Domínguez